Volví a caer

Que sensación tan triste y pesada vive el cristiano genuino cuando vuelve a caer de nuevo en pecado. El corazón se constriñe dé tal manera que sentimos que ya no hay perdón para nosotros ni posibilidad de restauración alguna, pues pese a que ya sabíamos que estábamos haciendo mal, no nos detuvimos, y aun más, sabíamos que nos sentiríamos muy mal después de ese pecado, y pese a todo ello... - Volví a caer...

Pablo escribió en Romanos 7:15 y 19, 20. “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí”. Un aspecto fundamental que debemos entender todos los redimidos por la sangre de Cristo, es que la naturaleza pecaminosa seguirá existiendo en nuestros cuerpos durante toda nuestra vida terrenal, en el pasaje anterior el apóstol reconoce que es el pecado que mora en nosotros, el que nos lleva a caer una y otra vez, incluso en su depresión Pablo exclamó. “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Romanos 7:24. Observen que no dice… quien me librará de muerte, sino… de este cuerpo de muerte, ya que el pecado esta en la carne. Hermanos, Satanás conoce mejor que nosotros mismos nuestras debilidades, y sabe también que cuando hemos pecado de nuevo, nos invade una sensación de tristeza y vergüenza que nos aleja de Dios, nos sentimos indignos de su perdón y hay quienes prefieren apartarse por completo de Dios, sintiéndose los mas sucios y viles pecadores. Se alejan de Dios no porque no le amen o por que no le reconozcan como su salvador, sino porque la vergüenza que los invade es tal que se sienten incapaces de clamar a Dios, así, poco a poco su postrer estado, viene a ser peor que el primero cuando no habían sido rescatados, y es esto precisamente lo que Satanás quiere que sienta el cristiano verdadero. Uno de los más graves errores que cometemos los hijos de Dios es creernos invulnerables al pecado, y pensar que jamás caeremos de nuevo, ya que en esa creencia con mucha facilidad nos exponemos al mal y caemos, no debemos olvidar que en nuestro cuerpo se libra una feroz batalla entre el espíritu y la carne, desde el momento mismo en que recibimos a Cristo. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”. Gálatas 5:17. Para ti que piensas que no hay más perdón por tu pecado, permíteme referirte ciertas palabras de Jesús en Mateo 18:21, 22. “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”. ¿Sabes lo que esto significa? Si esto lo instruye Jesús a los hombres… ¿Puedes comprender ahora la magnitud del perdón que para ti tiene Dios? Por favor no pierdas de vista 1 Juan 1:9. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Y 1 Juan 2:1 “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. Ahora bien… ¿Significa esto que puedo permanecer en pecado toda la vida? “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”. Romanos 6:1, 2. “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. Romanos 6:12-14. Hermano(a) mío(a), cuando recibiste a Cristo como tu Señor y Salvador, fuiste sellado con el Espíritu Santo (Efesios 1:13), de ahí que siempre tendrás luchas entre tu carne y el espíritu, así que para vivir una vida victoriosa es indispensable permitir que su Santo Espíritu gobierne nuestra vida… “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Gálatas 5:24, 25. No quiero cerrar esta reflexión, sin hacerte ver que nuestra permanencia voluntaria en el pecado, va acarrear castigo de parte de Dios, si bien es cierto que eres salvo, también lo es que puedes sufrir la disciplina, pues el Señor al que ama disciplina, piensa en esto. “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen (muertos). Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo”. 1 Corintios 11:30-32. Para todos los hermanos que han vuelto a caer, les animo a que rindamos nuestra debilidad en confesión a Jesús, permitamos al Señor nos restaure y roguemos por fortaleza y sabiduría para que podamos vivir en el espíritu apropiándonos de la siguiente frase. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gálatas 2:20.
 

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